Escrito por Surá Lillo |
“Por encima de todo……Honrarás a tu madre y a tu madre”
Una de las cosas más
difíciles en Psicoterapia es integrar todo el dolor que nuestros propios
familiares nos propician, sobre todo cuando somos niños.
Los
aspectos culposos y vergonzosos del ser humano se gestan dentro del
núcleo familiar, para un niño victima de maltrato o de abusos por parte
de sus familiares esto es un drama que se articula en multitud de
conflictos, por lado la impotencia para poder defenderse y por el otro
esa necesidad de amor que no puede ser cubierta por las figuras más
importantes para el infante, su padre, su madre y a veces los hermanos.
El gran dilema que esta
situación genera es la cantidad de rabia y resentimiento que se anidan
en la psique del niño, estando éste obligado a querer a su padres y
familiares mal tratadores a pesar del los abusos o malos tratos.
Frases como “la familia
solo hay una”, “como la familia no hay nada” nos llevan a creer
erróneamente que debemos amar a nuestros verdugos. Pero ¿cómo puede una
niña amar a su padre si este abuso sexualmente de ella o le propinó
sendas palizas?
La idea de la familia perfecta es solo una quimera.
Socialmente somos educados a honrar a nuestros padres, a quererlos pese a todo, pero ¿Quién defiende la dignidad del niño?
Crecer en un ambiente
familiar violento, disfuncional se paga muy caro, pues en la edad adulta
ese aspecto de la psique, el Arquetipo de niño-niña herido nos acompaña
a lo largo de nuestra vida. Cuando este arquetipo está activo el adulto
reacciona emocionalmente al igual que un niño, conectando con ese
desamparo y abandono que sufrió en su más tierna infancia.
El arquetipo del niño-a
herido está presente en muchos adultos que de forma inconsciente
arrastran este dolor a sus espaldas. La falta de amor, de reconocimiento
que vive el niño se quedo grabado en su psique y solo con un proceso
terapéutico continuado puede ser integrada esta terrible herida en la
psique.
El estigma de este arquetipo es el miedo, la inseguridad, el
sentimiento de abandono, la falta de autoestima. La manifestación de
este arquetipo se articula en enfermedades relacionadas con el aparato
digestivo, bucales (dientes), adicciones, bulimia-anorexia, depresión,
ansiedad…así como en relaciones basadas en la dependencia afectiva.
El arquetipo del
niño-niña herido sería la punta del iceberg, pues si analizamos al clan
familiar, a la estructura que conforma la historia de nuestros ancestros
podemos vislumbrar que el dolor no es un acto casual, sino que por el contrario forma parte de nuestra novela familiar nos guste o no.
INCONSCIENTE FAMILIAR
Para poder comprender e integrar la realidad
familiar dolorosa hemos de ampliar nuestro campo de visión. Pues somos
el eslabón de una cadena, formamos parte de un clan en donde el dolor es
como un testigo que pasa inexorablemente de generación en generación.
Desde
el punto de vista del transgeneracional (inconsciente familiar) como
integrantes de un clan heredamos aspecto físico, carácter, y también
heredamos los conflictos no resueltos de nuestros antepasados, somos
víctimas de víctimas.
Ancelin Schützenber psicoanalista,
analista de grupo – una de las primeras terapeutas que utilizó el
psicodrama de Moreno en Francia – y profesora emérita de psicología en
la universidad de Niza, en
su libro ¡Ay mis ancestros! Pone de manifiesto el modo en que heredamos
los conflictos, los traumas no sanados de nuestros ancestros.
“Somos
menos libres de lo que creemos, dice Anne Ancelin, pero tenemos la
posibilidad de conquistar nuestra libertad y de salir del destino
repetitivo de nuestra historia si comprendemos los complejos vínculos
que se han tejido en nuestra familia”.
Así repetir
los mismos hechos, fechas o edades que han conformado el drama familiar
de nuestros ancestros es para nosotros una manera de honrarlos y de
serles leales.
Cuando
vivimos situaciones traumáticas dentro de la familia en muchas
ocasiones son los hilos invisibles de lo “inconsciente” se ponen de
manifiesto dentro del clan, no son hechos “sueltos” inconexos sino que
por el contrario están conectados a la historia familiar.
Un
niño maltratado no emerge de la nada, en la mayoría de los casos sus
propios padres han sufrido los mismos abusos y situaciones dolorosas por
parte de sus propios padres por ejemplo.
En
psicoterapia es muy común encontrar a personas que sufren las
consecuencias de ambientes familiares disfuncionales con una gran carga
de dolor y de trauma psíquico.
Es
un error común en muchos enfoques terapéuticos llevar al paciente a
"perdonar”, acto muy noble por supuesto, pero que de poco sirve. Enfocar
el conflicto desde ese prisma sin haber liberado antes el dolor y el
resentimiento, sin haber comprendido todo el cuadro familiar de donde
provenimos es un acto yermo desde el punto de vista terapéutico.
Anne
Miller en su obra “El cuerpo no miente” manifiesta de qué forma esta
doble moral “amaras a tu madre y a tu padre” crea en la persona una
doble confusión de la que le es difícil escapar. Ser “buenos” por encima
de todo, tragar cualquier tipo de humillación proveniente de nuestros
padres y familiares es visto como un acto estoico, pero no nos
confundamos, el sacrificio y la humillación por la que hemos de pasar no
nos lleva a sanar sino todo lo contrario. Aceptar la propia verdad
dolorosa dentro del sistema familiar duele, pero peor aun es negarla,
pues todo lo que se reprime se imprime en el inconsciente y si de
familias hablamos éstas tampoco se escapan del los hilos invisibles de
la sombra.
En
nuestro clan existe una novela, un drama particular del que todos los
integrantes del clan son participes. La sombra en la familia no es plato
de gusto para nadie, pero en todas las familias “cuecen habas”.
En fechas significativas como son las “navidades” muchas personas viven el conflicto de tener que reunirse con la “familia toxica” en definitiva con las personas que más les han hecho sufrir en su vida.
En
la navidad llega el turrón pero también llega el tiempo de la
hipocresía y el silencio contenido, de los no dichos, del juicio, la
culpa…, por eso cuando nos acercamos a estas fechas nuestros pulmones se
colapsan, no porque “cogemos frío”, sino porque vivimos un ataque
frontal en nuestro territorio o porque el ambiente está contaminado con
el polvillo de los asuntos no resueltos entre los integrantes de la familia.
La
familia perfecta y unida vende, pero por desgracia esto no es la
realidad, en los medios de comunicación somos contaminados con estas
imágenes de perfección que solo nos llevan a la frustración pues no nos
vemos reflejados en ellas, sino todo lo contrario.
Si estamos inmersos en la dinámica de una “familia tóxica” lo primero que debemos aceptar es que esto es así nos guste o no. Muchas
veces es necesario prescribir un alejamiento de nuestra propia familia
para poder vivir con un poco de paz, puesto que el foco de conflicto se
encuentra en su seno y entrar en contacto con las personas y situaciones
conflictivas puede llevarnos a vivenciar una y otra vez las situaciones
dolorosas.
En
estos casos el trabajo terapéutico es muy recomendable, pues es en el
marco terapéutico donde estos vínculos tóxicos y complejos pueden ser
vistos, sentidos o presentidos, ya que fuera del contexto terapéutico
son temas de los que no se habla por el gran dolor que acarrean, porque
son temas vergonzantes, dolorosos que muchos optan por tapar.
Afortunadamente
gracias a los trabajos de investigación de muchos analistas e
investigadores de la psique humana podemos hoy en día ajustar estos
vínculos y nuestros deseos para que nuestra vida este a la altura de lo
que nosotros deseamos, de aquello que profundamente ansiamos y
necesitamos (y no lo que se espera de nosotros) para poder SER.
Aceptar
la naturaleza dual de la vida es todo un trabajo de transformación que
comienza por nosotros y el lugar que ocupamos dentro de nuestras
familias.
Nos
guste o no la vida duele, la familia duele, pero el sufrimiento, este
emerge de la negación y represión del dolor, de ti depende mirar de
frente a la vida y dignificarte como persona a solas si es preciso.
La verdadera sanación y transformación del alma nace de enfrentar y reconocer nuestra sombra, después?….después ya no hay nada.
Surá Lillo
Psicoterapeuta con Obsidiana (SITO)
Psicosomática Clínica (BIONEUROEMOCION)
www.mujerdespierta.es
|
Un entrenador enseña lo que sabe...un MAESTRO transmite lo que es.
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domingo, 8 de junio de 2014
FAMILIAS TÓXICAS.
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