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lunes, 16 de diciembre de 2013

Cuando te conoces a ti mismo...


Sin importar nuestra edad, puede que hayamos llegado a la conclusión que nos conocemos lo suficiente para afirmar: "soy así" porque nos hayamos basado en un registro de reacciones, formas de pensamiento, actitudes, aptitudes de las que somos conocedores.

La historia personal también nos ha permitido conocernos en los distintos roles (como hijos, padres, amigos y otros) y ensayar definiciones de quiénes somos para irnos acostumbrando a "ser de un modo establecido". Re-definirnos, desaprendiendo y cambiando las auto-imágenes, será una tarea difícil de afrontar cuanto mayor haya sido el grado de identificación con ese "soy así" que inicialmente forjamos.

Cuando las circunstancias de la vida nos generan dudas, crisis, incertidumbre y nos enfrentamos a lo desconocido; ser de un modo u otro, parece no alcanzar para sortear los nuevos desafíos; quizás entonces hasta sin proponernos, descubramos que somos un misterio. Sí, un misterio que se devela o revela según las circunstancias que vivimos, seres en proceso de crearnos.

Pero ¿de dónde surge lo misterioso que hay en nosotros, aquello que de descubre? Del propio inconsciente, necesitamos bucear en sus aguas, estableciendo una relación o vínculo de amistad que implica respeto y cuidado. La aceptación de que sólo conocemos aspectos superficiales de nosotros mismos cuyo conjunto llamamos personalidad, nos permite comprender que conocernos implica incorporar al inconsciente profundo permitiéndole que se revele.

Cuando deseamos explorar y conocer el misterio que somos, emprendemos un viaje simbólico de reencuentro con nosotros que puede significar atender alguna herida emocional, reparándola, cicatrizando el tejido enfermo. Así como un hábil cirujano repara una herida corporal, el inconsciente tiene capacidad de cerrar y sanar heridas en el tejido emocional.
También en este viaje vendrá la renuncia al pasado "no digerido" para aprovechar los aprendizajes y la renuncia al futuro con su ansiedad; para experimentar el presente. Habrá tiempo para explorar las Creencias abandonando las que ya no funcionen e incorporando otras nuevas en su reemplazo y se abrirán los senderos que conducen a una sana valoración de sí mismo, que se aleja de los vínculos y las relaciones tóxicas.

Además de explorar y develarnos quiénes somos, el inconsciente nos permitirá mirar los acontecimientos de nuestra vida en perspectiva, como piezas de un todo integrado. La comprensión de que los sucesos están encadenados en una cadena que nos invita a crecer y evolucionar o a sufrir una y otra vez por la reiteración de los errores, nos sorprende y maravilla. Cuando vemos la totalidad que sólo integrar el inconsciente a nuestra conciencia proporciona, hallamos la calma y la esperanza.
La calma para sobrellevar los momentos difíciles como parte del proceso y la esperanza en que avanzamos a una nueva integración, hacia un nuevo todo, forma parte del Conocernos y penetrar el misterio.

Por mucho tiempo, los seres humanos hemos temido al inconsciente con cierta razón, ya que es poderoso, misterioso y reacciona a la falta de cuidado o de respeto; pero se puede ingresar a él en forma amorosa y obtener de él la colaboración para procesos tanto físicos, como emocionales y mentales. Su sabiduría se basa en que es la primera estructura psíquica que se forma durante la vida fetal y es la fuente del misterio de la vida que se despliega a medida que vivimos.
Aprendemos a confiar en él y en sus orientaciones a medida que nos alejamos de los estereotipos de la personalidad y sus defectos, porque el inconsciente nos abre todas las posibilidades del Ser, devolviéndonos la posibilidad de elegir libremente.

Las perspectivas futuras tanto en la Psicología, como en la Espiritualidad, tendrán al Inconsciente de protagonista, hasta me aventuro a decir que no habrá concepto de salud que cuestione la exploración e interpretación de los contenidos inconscientes en relación con la recuperación de las diversas afecciones y enfermedades

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